El amor después de los hijos

Publicado el domingo, 25 febrero , 2018

Por eso me animo a compartir lo que me ha funcionado a mí y a mi familia.

Escuchamos con frecuencia “que no debemos descuidarnos como mujer”, “que al marido hay que cuidarlo”, pero qué pasa con ese bebé que acaba de llegar al mundo y que requiere todo el cuidado y toda la atención para sobrevivir. ¿Cómo balancear ambos roles con el resto de nuestras responsabilidades?

Así que en el mes del amor les cuento “Cómo sobreviví en pareja a los Agobios de madre (o de padres, más bien)”.

1. Entender los nuevos roles

Tanto papá como mamá nos estamos estrenando en facetas hasta ahora desconocidas. Ambos necesitamos tiempo y espacio para sentirnos cómodos en la nueva etapa.

Papá no necesita que mamá (o la abuela, o la tía) le corrija cada vez que cambia un pañal y mamá necesita “fundirse” con el bebé para poder conocerlo. Necesita, al menos por un tiempo, olvidarse del reloj, del trabajo, de la casa y de todos para poder aprender qué necesita su recién nacido.

A medida que el pequeño crezca, mamá se sentirá preparada para asumir otros retos: trabajar, ejercitarse, ir a la peluquería, salir a cenar o bailar.

Mientras tanto es importante que entender que no se trata de “el resto de nuestras vidas” sino de un momento puntual.

2. Comunicarse

Es esencial en cualquier pareja pero sobre todo una que acaba de pasar por un cambio tan importante como lo es tener un hijo. Hablar todo: los sentimientos, las emociones, la logística.

Las madres recientes tendemos a creernos “superwoman” y a guardarnos nuestros sentimientos por orgullo o timidez. Debemos ser “compasivos” el uno con el otro en el discurso y en la cotidianidad.

Los hijos son de ambos y aunque cada pareja divide las obligaciones y responsabilidades de forma diferente, es importante sentirnos cómodas con nuestras decisiones.

Si no es así debemos entonces seguir conversando para llegar a un acuerdo, antes de tomar “otras acciones”.

4. Buscar ayuda

Dos son pocos para criar, esa es la verdad. Por más comprometido que sea la pareja es probable que necesitemos más apoyo, sobre todo cuando queramos tiempo de calidad sin los hijos. Esa ayuda puede ser el maternal o guardería, los abuelos o una nana contratada.

No es fácil, pero muchas veces “la ayuda” no va a “llegar del cielo”, hay que buscarla, a veces “entrenarla” y confiar en ella.

Cuando la ayuda no es una posibilidad entonces debemos ser aún más “benevolentes” el uno con el otro (evitar críticas y juicios) y aprovechar cada momento juntos para “conectar” aunque no estemos solos: una sonrisa, una caricia, un piropo.

5. Reservar tiempo aparte

Esto va a depender de las posibilidades de cada quién, algunos lo harán antes y por largos periodos y otros después y en momentos específicos.

Tengo amigas que pueden irse de viaje 15 días y dejar a sus hijos con los abuelos sin preocupación. Yo no tengo esa facilidad entonces lo que hacemos es disfrutar al máximo los instantes que sí tenemos.

Para nuestro décimo aniversario de casados, lo que hicimos por ejemplo, fue irnos a un hotel en la misma ciudad y dejar a los niños con una niñera, de modo que si nos necesitaban estuviésemos a minutos de distancia.

A medida que ellos vayan creciendo intentaremos hacer “escapadas” más lejos y por más tiempo. La clave, pienso, es ambos sentirse cómodos con las decisiones que tomen.

6. Encontrar su “propio camino”

Con frecuencia escuchamos “Fulanita se fue con el esposo un mes a Europa sin niños” o “Sutanita dice que primero va el marido y después los hijos”.

No sabemos cómo es la realidad de “Sutanita” y de “Fulanita” y lo que le funciona a ellas no necesariamente nos funciona a nosotros. La pareja y los hijos no compiten, ambos tienen su lugar y es posible mantener un vínculo cercano con ambos.

Para mí “el truco”, si hay alguno, es entender que hay un momento para todo y que el ritmo de cada quien es diferente. Estoy de acuerdo en que el tiempo en pareja debe hacerse una prioridad, no es algo que simplemente “va a suceder” pero está bien si sentimos por un tiempo que debemos “sumergirnos en la maternidad”.

Para esto sin duda se necesita tener una pareja madura, por supuesto, pero también ser asertivas.

7. Disfrutar como familia

Ustedes dirán “¿Pero cómo el tiempo en familia puede ayudar a fortalecer a la pareja?” Y lo que puedo yo decir es que nunca me siento tan enamorada de mi esposo como cuando lo veo jugando con los niñitos o cuando lo escucho cantar “Libre soy, libre soy” (la canción de Frozen) para animar a Alana. Por eso el tiempo que pasamos juntos los cuatro, conociéndonos y viendo al otro crecer como padre es fundamental.

8. Practicar el “auto-cuidado”

En casi cualquier escrito que hago sobre crianza y maternidad menciono de alguna forma el “auto-cuidado”. Y es que es muy difícil cuidar a los demás si no nos sentimos bien con nosotras mismas. Para poder estar bien con la pareja debemos estar bien primero con nosotras.

Si estamos exhaustas, angustiadas, embotadas y sin energías difícilmente podremos “conectar” con la pareja. Por eso es importante practicar un deporte o actividad que nos relaje y nos de sensación de bienestar. Para algunos puede ser correr o nada y para otros hacer yoga, bailar o incluso practicar un instrumento.

Igualmente es importante encargamos de nuestra salud (física y emocional), mantener hábitos saludables y visitar un especialista en caso de algún malestar persistente.

9. Asignar un tiempo semanal para hablar sobre la relación

Algunas parejas optan por asistir a terapia, no necesariamente porque están atravesando una “crisis” sino porque “en casa” siempre están ocupados o muy cansados; sin embargo, hay otras alternativas. Mi esposo y yo, por ejemplo, instauramos los almuerzos juntos solos una vez a la semana para “chequear” como nos sentimos el uno con el otro.

10. Trabajar en la relación

Parece obvio pero no lo es. Una amiga un día me dijo “nada que tú desees con el alma se va a dar solo, generalmente tienes que trabajar para eso”. Creo que aplica también para la pareja. Si, por ejemplo, estamos cansadas de la rutina en nuestras relaciones pues debemos tomar la iniciativa y hacer un plan para “salir de la rutina” no esperar a que “mágicamente se arregle”.

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