La crianza y los opinólogos de oficio

Publicado el martes, 5 diciembre , 2017

Algo tiene la maternidad que hace que todo el mundo se sienta con derecho a opinar. Empieza cuando estamos embarazadas y la vecina te quiere tocar la barriga en el ascensor y aconsejarte que pongas a “ese muchacho de una en la cuna que si no quién lo saca después de la cama”. Esto no se trata de si la vecina tiene razón o no, sino de que no es su problema.

Luego a medida que tu hijo va creciendo continúa y no para: si lo dejas en el maternal antes del año para trabajar eres una “desnaturalizada” pero si tienes la fortuna de poder dejar de trabajar para dedicarte a él te dirán con dejo “que lástima, quedaste para criar muchachos”.

Más tarde cuando tenga dos años y no haya dejado los pañales (o el pecho) “todo el mundo” te dirá que “ese muchacho está demasiado grande para usar pañales” y mucho más para tomar pecho. Luego te reclamaran por no tener “mano dura” para criar o más bien te dirán “deja a ese pobre muchacho ser, no le va a pasar nada si come tierra”. En efecto lo más probable es que no le pase nada si come tierra pero una vez más esto es materia que sólo compete a a los padres (y al pediatra en dado caso).

Yo sé que la mayoría de los comentarios están dichos con la mejor de las intenciones, el problema es que cuando se trata de una madre de niños pequeños; a veces hormonal por el postparto, insegura, exhausta y sobre informada es muy fácil hacerla dudar.

A mí, a decir verdad, poco me importan los comentarios ajenos. Con dos niños de 5 y 2 años y con un puñal de libros leídos y psicoterapia en mi haber, se necesita mucho más que una impertinencia de este tipo para descolocarme (sí, sé que esto puede sonar arrogante pero llegar a este punto requirió un trabajo importante y por eso lo comparto). El detalle es que hay mamás, muchas de ellas me escriben diariamente, a quienes se les dificulta lidiar con la crítica.

Y como no queremos enemistarnos con nadie (muchas veces los comentarios provienen de la familia) o quedar como unas groseras aquí comparto mis “5 secretos para sobrevivir con glamour a los opinólogos de oficio”:

1. Asegúrate de tu decisión. Cuando las decisiones provienen de “nuestra voz interior”, ya esté guiada por el corazón o la cabeza, o una combinación de ambas, no hay por qué dudar. Incluso si luego descubrimos que nos equivocamos, es importante seguir nuestro “instinto de madre”. Si un comentario te hace dudar es porque tal vez no estás segura de tu decisión y necesitas de un “externo” para ratificarla. En ese caso puedes apoyarte en fuentes bibliográficas o de internet de confianza.

2. Si el consejo te genera desconfianza indaga. Si la sugerencia, provenga de quién provenga; el pediatra, tu mamá, tu suegra, te hace ruido detente y pregúntate por qué. Digamos que alguien te recomienda dejar llorar a tu bebé por las noches pero tú sencillamente no puedes, algo en ti dice que no está bien, confía en esa “voz” y pregúntate si tu estuvieses en el lugar de tu hijo que te gustaría recibir en ese instante.

3. No “sometas” cada aspecto de tu crianza al “escarnio público”. Yo suelo hablar muy poco en situaciones sociales de la educación que le doy a mis hijos. Comparto mis experiencias en redes sociales pero no entablo conversaciones porque mis decisiones no están “abiertas a discusión”. Cuando comentamos cada aspecto de nuestra vida con la familia a los amigos estamos creando un espacio para que ellos opinen. Si no estamos seguras y no queremos que “nos pongan a dudar”, entonces reservémonos cierta información.

4. No “caigas” en discusiones. No hay nada más difícil que hacer cambiar de opinión a alguien que no quiere cambiar de opinión. Además, ¿cuál es el objetivo? Esto no se trata de quién tiene la razón, sino de hacer lo que es mejor para ti y tu familia. Todas las personas somos distintas y tomaremos nuestra decisión de acuerdo a creencias, necesidad y deseos propios.

5. A veces callar, no es otorgar. Eso de “fingir demencia” en muchas oportunidades es lo mejor. Sobre todo cuando se trata de familiares o personas cercanas a quienes no deseamos ofender. En esos casos lo más conveniente es sonreír en silencio, asentar con la cabeza y hacer aquello en lo que creemos. Si la “intromisión” es recurrente podemos decir cordialmente “muchas gracias por tu consejo pero en casa preferimos hacerlo de esta manera”. Si esto no surte efectos y las “impertinencias” son ofensivas y continuas entonces habría que preguntarse qué sentido tiene una relación en la que no obtenemos respeto.

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2 Comentarios en “La crianza y los opinólogos de oficio

  1. Interesante!!!! Excelente recomendaciones sobretodo cuando tienes suegras que asfixian y cada vez que te ven es un interrogatorio de que comio, cuando hizo popo, como está durmiendo le estas dando la vitamina, dale de comer tal cosa Porq a su abuelo le gusta y a ella ( mi bebe) le va a gustar también 🤪 de verdad eso de aparentar demencia lo hago pero muchas veces me estresa sin contar cuando se me enferma dale esto o aquello!!! Y yo vivo en USA y aquí medicina no recetan a bebes pequeñito y no entienden eso.
    Voy a poner en práctica, tus recomendaciones
    Gracias 😊

  2. La gente siempre opinara, a favor o en contra. Mi recomendacion como mama primeriza es no darle mucha importancia a los comentarios malintencionados y tomar lo bueno de los consejos. No se estudia para ser mama, es una ardua labor que se va aprendiendo en el camino.

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