Pataletas “bajo control”

Publicado el miércoles, 15 noviembre , 2017

Cómo sobrevivir con glamour a los agobios de madre

Antes de responder quiero invitarlas a buscar en YouTube el vídeo de la princesa Catalina de Cambridge en su gira por Alemania y Polonia. Mientras la familia real observaba la flota aérea en la pista de aterrizaje, la pequeña Carlota, de dos años, probablemente a causa del agotamiento, se molestó por unos papeles que tenía en su mano y se lanzó al piso llorando. Lo mejor de la anécdota fue la reacción de su madre, quien con toda la calma del mundo, sus altos tacones y “cara de póker” se agachó para cargarla.

¿Qué demuestra el episodio? Primero, que nada que a cualquiera le puede pasar pues todos los niños en un momento u otro hacen berrinches. Lo segundo es que cuando estamos en un sitio público lo mejor es apartar al niño de la situación. Eso que hizo Catalina cuando cargó a su niña y comenzó a caminar.

Las pataletas o rabietas son respuestas emocionales normales entre los niños de dos a cuatro años, aproximadamente. Nótese la palabra “normal” pues los berrinches son necesarios para su sano desarrollo. No queremos que nuestro hijo reprima sus emociones sino que aprenda a gestionarlas y expresarlas de una forma “saludable”.

Entonces, para compartir cómo sobrevivo yo a las pataletas con “glamour” utilizaré el ejemplo del centro comercial, pues suele ser bastante común. Así, enumeraré los que para mí suelen ser los aspectos más importantes al tratar con estas respuestas emocionales:

  1. Evaluar si el lugar o la situación en la que estamos antes de que ocurra la pataleta es apta para un niño. Cualquiera podría decir que llevar a un niño a una juguetería si no le vamos a comprar nada es realmente innecesario. ¿Qué los niños deben aprender que no pueden tener todo lo que quieren? Cierto, pero ese es un aprendizaje progresivo. Si realmente debemos llevarlo, mi recomendación es anticiparnos a la situación. Decirle: “Vamos a una juguetería para comprar el regalo de tu amiguito pero mamá no podrá comprarte nada en esta oportunidad. Si quieres cuando salgamos de allí vamos al parque”. Aquí les estamos ofreciendo una alternativa que funciona como distractor.

 

  1. Asegurarnos que todas las necesidades del niño estén cubiertas. Un niño cansado, hambriento o aburrido será más propenso a hacer una pataleta. Pasar horas de tienda en tienda en un centro comercial no es un plan para niños. Si debemos hacerlo intentemos hacer “breaks” en los que el niño pueda correr, estirarse, gritar, jugar y comportarse como niño. Igualmente, es necesario asegurarnos de que el pequeño haga su siesta a la hora prevista (para esto podemos utilizar el coche) y tener a la mano “meriendas saludables” o su tetero, en caso de que todavía lo tome, para calmar, algún “ataque de hambre inesperado”.

 

  1. Manejar nuestras propias emociones. Los adultos hacemos pataletas. Quizás no queramos aceptarlo pero es la verdad. Cuando nos molestamos con alguien y le trancamos el teléfono, le contestamos mal o le volteamos la cara, estamos haciendo una pataleta, solo que éstas son socialmente aceptadas. Si entendemos esto, quizás podemos comprender cómo una personita de dos años que todavía no habla como nosotros y cuyo cerebro no está totalmente desarrollado, pueda hacer un berrinche. Desde este punto de vista no es una malcriadez, no es una manipulación, es una necesidad, un escape pues no saben qué hacer con todas esas emociones que están sintiendo. A los padres, las pataletas de nuestros hijos nos incomodan, no sabemos “qué hacer con ellas”, sentimos fastidio, aburrimiento, frustración, vergüenza, culpa. Así que no sólo en ese momento debemos lidiar con las emociones del niño sino con las propias. Por eso lo primero que necesitamos hacer es mantenernos en calma, pero no “simular calma”, sino realmente sentirla. Buscar ese “lugar” de paz en nuestro interior y permanecer allí.

 

  1. Olvidarnos del “mundo” y concentrarnos en el niño. Cuando Alana tenía dos años (ahora tiene 5) una tarde de domingo fuimos a merendar a un café. El lugar era ruidoso y estaba muy lleno y ella no había hecho su siesta. De repente mientras intentaba llevarla en su coche desde el mostrador donde se pagaba hasta nuestra mesa, ella comenzó a lanzar sus juguetes al suelo, a llorar y a patear la baranda del coche. Yo intuía que tenía hambre y sueño, así que rápidamente mientras sentía las miradas sobre mí y escuchaba uno que otro comentario, nos salimos del lugar, y la llevé al aire libre (esto siempre hace bien). Allí la saque del coche, la cargué, le di su tetero y en seguida se durmió. Luego pude regresar al restaurante a merendar.
    En el ejemplo de la juguetería, si estamos acompañadas podemos dejar a la otra persona buscando lo que necesitamos comprar o pagando, salirnos nosotras con el niño y volver al rato. Si no conseguimos algún espacio desocupado, el baño del centro comercial también puede ser buena opción para calmar al pequeño. Si se deja abrazar, sostengámoslo fuerte. Podemos cantarle o merecerlo si eso ayuda, pero definitivamente no es el momento para hablarles de lo que pasó o intentar reflexionar. Para esto necesitamos que esté calmado.

 

  1. Encontrar “nuestra forma”. No todas las familias abordan las pataletas de la misma manera. Hay a quienes les funciona la técnica de ignorar la pataleta o el “time out” (tiempo fuera). Yo no soy partidaria de estas estrategias pues si bien puedan ser efectivas eliminando el berrinche, no enseñan a manejar la emoción y éste es un aprendizaje fundamental para la vida. De hecho, me atrevería a decir que prefiero un niño que haga pataletas a uno que no, pues temo que el segundo esté reprimiendo sus emociones (y esto tiene consecuencias terribles a largo plazo). Mi hija Alana era de muy pocas rabietas cuando era pequeña y yo entendí que debido a la presión que yo ejercía casi sin saberlo, ella estaba “tragándose sus emociones”. “Bajé la guardia” y ahora a sus casi seis años se ha dado el permiso de expresar cómo se siente (no siempre de la mejor manera).

 

“Impelable”

 Hay dos herramientas que para mí han sido de gran ayuda en el manejo de los berrinches:

  1. El libro “No más rabietas” de Isabelle Filliozat. Se encuentra en librerías locales y también existe una versión PDF en Google. Es ideal porque está escrito como un manual con situaciones específicas e ideas para solventarlas.
  2. El video de YouTube “Manejo respetuoso de pataletas”. Muestra con explicaciones sencillas y ejemplos la forma respetuosa de abordar un berrinche.

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